sábado, 26 de febrero de 2011

Por eso se llama... "presente"

Hace unos días cayó en mis manos una revista que contiene un artículo de Ramiro Valencia Cossio, el cual me han dejado de "tarea" para analizar y reflexionar. Me ha gustado tanto que es deber compartirlo con ustedes:


-Para este año que apenas comienza y cuando los propósitos nuevos aun están frescos, con mi deseo de un año de prosperidad y paz interior, les dejo este escrito cuyo autor desconozco, facilitado por mi amigo Juan Carlos Molina.


"Imagínate un banco que te da un crédito diario cada mañana de USD 86.400. El banco no traslada tu saldo de un día a otro. Cada noche borra de tu cuenta cualquier suma que no hayas usado durante el día anterior. ¿Qué harías? ¿Retirar cada centavo? ¡por supuesto!.


Cada uno de nosotros tiene ese banco. Su nombre es Tiempo. Cada mañana te da un crédito de 86400 segundos. Cada noche borra, como si fuera pérdida, todo lo que no hayas invertido en un buen propósito. No traslada saldos, no permite sobregiros. Cada día abre una cuenta nueva para ti. Cada noche quema el sobrante del día. Si no usas el depósito diario, tu pierdes. No se puede volver atrás. No permite retiros a cuenta del "mañana". Debes vivir en el presente de los depósitos de hoy. Inviértelos como si fueras a obtener lo máximo de salud, felicidad y éxito. El reloj está andando. Obtén lo máximo del día de hoy.


Para darte cuenta del valor de un año, pregúntale a un estudiante que no pasa de grado. Para darte cuenta del valor de un mes, pregúntale a una madre que haya dado a luz a un bebe prematuro. Para darte cuenta del valor de una semana, pregúntale al editor de un periódico semanal. Para darte cuenta del valor de una hora, pregúntales a los amantes que esperan encontrarse. Para darte cuenta del valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el tren. Para darte cuenta del valor de un segundo, pregúntale a una persona que acaba de evitar un accidente. Para darte cuenta del valor de un milisegundo, pregúntale a una persona que haya ganado una medalla en las Olimpiadas.


¡Valora cada momento que tengas! Y valóralo más cuando lo compartas con alguien especial, lo suficientemente especial para que quieras gastar tu tiempo con esa persona.
Y recuerda que el tiempo no espera a nadie. El ayer es historia. El mañana es un misterio. El hoy es un regalo, por eso mismo se llama ¡presente!”-




...a invertir el tiempo!


martes, 22 de febrero de 2011

"FEBRERO"

Este mes ha pasado volando, agitado, divertido, uno de los mejores cumpleaños, fabulosos encuentros y claro un mes en el que no he dejado de escuchar una canción que eriza mi piel. Esta canción forma parte de la banda sonora de una película y es la melodía con letra perfecta para envolver la escena en la que se disfruta. No dejo de imaginar que algo así sucederá en alguna escena de mi historia "avec toi".

Me trae todo tipo recuerdos a tu lado e imágenes de eventos que aún no suceden. La escucho y me transporta a ese lugar y momento único en donde dos personas se vuelven uno y no dejo de soñar despierta con esas palabras sonando en el "ipod" una y otra vez... y al mismo tiempo unta mis fibras de una nostalgia que me hace extrañarte más que siempre por saberte lejos aún.



"...el día en que dejes de imaginar tocando su piel porque se ha convertido en tu realidad, no olvides hacerlo al ritmo de estas palabras con melodía." 


¡Je t'aime!



D-i-s-f-r-u-t-a-l-a-! 




domingo, 13 de febrero de 2011

CAPITULO V. NUESTRO HOGAR POR UNA NOCHE

Esperé tanto la noche de ese día, mi habitación era un espejito, estaba perfecta para que ella se sintiera como en la suya. Soy bastante “oscura” luego mi habitación es un reflejo de eso, así que la redecore un poco para bajar la intensidad de mi tendencia. Lucia llegó a las ocho treinta de la noche, llevaba en su espalda una mochila color púrpura con “El hada magica” como dibujo principal, era muy "bonita", pero nada para mi. En ella cargaba la pijama que luciría esa noche y los utensilios de aseo personal más un par de objetos para la vanidad femenina. Entró, saludó a mi mamá y a mi hermano mientras se iba presentando. Mamá encantada de conocerla, no muy seguido iba una “amiga” a quedarse al departamento. Mi hermano se enamoró al verla, se enamora de todas. Yo aceleraba el momento para terminar los formalismos y llevarla a mi cuarto para hacerlo nuestro hogar por esa noche.

Tenía pizza y muchos dulces de “ositos” para ella. Me dijo estar inquieta por conocer mi “alma”. Al entrar vi que abrió sus ojos en señal de asombro, -es sombría pero me gusta -. Su  habitación era clara y simplona no dejaba nada a la especulación, todo se veía al instante. Lo que más le gusto fue el mural de los dibujos; formas femeninas, anime, tattoos y frases cortas en idiomas no tan populares. Había otro par de murales uno donde pegaba los exámenes de la universidad y otro con empaques de productos de consumo masivo que encontraba tirados en la calle. Las lámparas de bombillos azules y rojos la intimidaron, eso dijo y por ultimo se sintió un peón en las paredes de ajedrez de mi habitación.

La cama era semidoble con un cobertor que era como otro colchón. Se sentó y ahí mismo se fue despojando el pantalón. Inesperadamente se desvestía ante mis ojos. Quedó con unas bragas negras que se ajustaban a su pequeña pero perfecta cadera. Lucia hablaba de su casa pero no presté mucha atención a lo que decía, pues lo que presenciaban mis ojos no me lo permitía. De repente me dio la espalda cruzó sus brazos para agarrar la blusa por los lados y la subió agarrando su cabello, dejando completamente desnudo su dorso. Mis ojos se abrieron para admirarla, las luces hacían su piel más apetitosa que siempre. Lamente no haber podido contemplar sus también pequeñas pero muy seguramente preciosas formas de enfrente, las cuales cubrió con su brazo derecho para alcanzar la mochila y sacar el vestidito lila de tiras que envolvería su piel un poco mas abajo de donde la cubrían sus bragas negras. “Mmm”, se eriza mi piel de solo recordarla. Nunca me había gustado una mujer hasta que conocí a Lucia.

Ella volteó su rostro para romper con mi silencio y preguntar – ¿te cambiarás? –. Pensaba en si se fijaría mientras me desvestía, así como lo hice con ella. Pareció no importarle pues salió por un vaso de agua para así darme tiempo de cambiarme. No tardé mucho, yo solo me quito el pantalón, el abrigo y quedo con la acostumbrada blusa blanca que siempre tengo debajo. Lucia me esperaba en el mirador de las “estrellas”, así le llamo después de ese día. Tenía la mirada perdida en el cielo que esa noche se rindo maravilloso para nosotras con miles de puntos brillantes puestos en el fondo azul oscuro que tenia la noche. Sugirió que comiéramos ahí, así que me devolví por la pizza y los osos, llevé un par de mantas y ella trajo varios almohadones. Hicimos del balcón una nube más, aunque no era nada oscura. Comimos sin dejar ni una migaja y de postre los “ositos”, los comimos hasta hartamos…, yo me harte porque Lucia los comía como adicta. Nos embriagamos de “ositos” de goma, reímos por comer tanto, reíamos de todo. Era la mejor noche que hubiera pasado en mucho tiempo. Lucia dijo estar “mareada” y colocó su cabeza en mis piernas, recogió las suyas y quedó viendo directamente el cielo. Paró de reír y preguntó, – ¿Cuándo fue la última vez que viste las estrellas con los ojos cerrados? –. Pensaba en una respuesta que le gustara, pero ella no demoró en contestar con otra pregunta, –¿Te cuento un cuento?–.

...dis-fru-te-n! o no.

viernes, 4 de febrero de 2011

La perfección no se trata solo de control. También se trata de dejarlo de lado

Se viven las fiestas y reconocimientos a lo mejor del séptimo arte en ese banal pero influyente mundo del espectáculo... y para hacerme participe de alguna forma de este festejo, hago mi buen aporte recomendando este tremendo largometraje, del director Darren Aronofsky: "Black Swan".


"El éxito, los sueños, los deseos son "la meta" y para llegar a ella debemos recorrer un sendero. Un sendero que visto desde un punto de partida tiene obstáculos, parece largo y oscuro pero tenemos la vista puesta en la meta y no dudamos en lanzarnos a recorrerlo. Lo mas difícil es toparse con el primer obstáculo y creer que no lo venceremos, aquí es donde muchos desisten y la meta se desvanece, pero si lo superamos nos dará mas temple para aguantar el siguiente obstáculo y así... no estamos exentos de que ésto se nos vuelva una obsesión y el camino para llegar a la meta pase de ser difícil a una pesadilla. Una pesadilla que juega con nuestra mente, cuerpo y espíritu. Una pesadilla que quizá nos aleje de la realidad y nos convierta en esclavos de nuestros temores y deseos reprimidos, llevándonos al borde de la locura una locura repleta de soledad y egoísmo".


Un argumento sencillo, sin pretensiones, es un film que atrapa con una maravillosa interpretación de la Portman complementándose del juego psicológico que propone el director. 






"...espero no enloquecer en busca de esa perfección imposible que pretendo alcanzar, alimentada por un cisne negro que llevo escondido bajo la piel y muchas veces quiere salir".


... a ver cine!

domingo, 23 de enero de 2011

"ENERO"

¡Uy! este mes ha sido pesado, con "subidas y bajadas", en un momento te puedes sentir tan bien que nada en el mundo te bajara de esa nube y en pocos días ni un "perrito bebe" te enternece y solo destellas mal humor, los churcos parecen sin vida y tus ojos están muy oscuros (lo mejor es que nadie se te acerque). Y para estos momentos solo puede venir una sola canción a mi mente que desenrede el nudo en el que se atascan mis pensamientos y doblegue mi mal humor proporcionándome esa fuerza y buena energía que necesito:



Gracias por compartir y enseñarme parte de lo que eres con música, todo lo que eres y te gusta es único por eso hay tanto de ti en mí.

sábado, 22 de enero de 2011

La canasta costosa


Esta vez quiero compartir con los lectores un articulo que leí hace poco en "el Malpensante"  del autor  Gabriel Zaid, seguro les será interesante y reflexivo.
 Los títulos universitarios han dejado de ser rentables: los recién graduados salen al mundo laboral llenos de deudas y con un diploma que ya no ofrece los mismos privilegios de antaño. ¿Cómo se justifica hoy en día la educación superior? 
Los servicios educativos, como todos los servicios no mecanizables, tienen un problema de costos crecientes. La atención personal es un lujo, y cuesta cada vez más.
El problema de fondo es que aumentar la productividad en los servicios de atención personal es menos fácil que en las manufacturas. ¿Qué puede hacer un psicoanalista o un maestro para aumentar su productividad? ¿Hablar más aprisa? ¿Dividir su atención entre un número mayor de alumnos o pacientes (como en la terapia de grupo)? ¿Reducir las sesiones a cinco minutos (como el psicoanalista Lacan o los maestros que llegan tarde y se van pronto)?
Mientras el costo de un computador ha bajado extraordinariamente en medio siglo, el costo de una hora de psicoanálisis o una hora de clase universitaria no ha bajado: ha subido. Paralelamente, en medio siglo, la demanda de educación superior ha crecido como nunca, y la carga del gasto educativo en el presupuesto familiar y social se ha multiplicado. Lo cual está llevando (hasta en los países ricos) a ver con otros ojos el gasto en educación superior. ¿Se justifica?
El apetito de saber no requiere justificación. “Todos los seres humanos nacen con apetito de saber”, dijo Aristóteles en la primera frase de suMetafísica. Pero otros griegos (los sofistas) pensaban que el saber es para prosperar; y ponían la muestra: prosperaban vendiendo educación superior. Los sofistas modernos venden títulos universitarios: credenciales de presunto saber. Está por verse que los graduados sepan más que los no graduados, o que produzcan más, pero ganan más. De ahí la gran demanda de credenciales que sostiene el negocio de la educación superior. Además, los países ricos tienen gastos universitarios elevados, mayor productividad y mejores sueldos, realidad que se aprovecha como sofisma vendedor: hay que aumentar el gasto universitario para que prospere el país.
Cuando los países se hacen ricos, pueden darse el lujo de tener gastos universitarios elevados. Pero no se volvieron ricos por eso. México y Japón tuvieron décadas de crecimiento económico acelerado con un gasto universitario muy bajo. Hoy, que gastan mucho más, crecen mucho menos. Una consecuencia lamentable de vender el saber como inversión rentable es que legitima a los que exigen rentabilidad y desprecian los estudios que “no producen”. Puesto que el saber es rentable, debe pagarse con resultados económicos.
La verdadera justificación no es económica: queremos saber. Nos mueve la curiosidad, el apetito. Es un lujo que nos damos en la medida en que podemos. Si te dejas llevar por el apetito de observar, leer, reflexionar, investigar, experimentar, criticar, hacer y aprender, ejercerás tu inteligencia, resolverás problemas y te divertirás mucho. No es imposible que de paso hagas dinero, ni estaría mal: es otro campo divertido de aprendizaje y creación. Pero lo importante es el apetito, que se puede frustrar y hasta perder.
Con loables intenciones, se ha querido generalizar lo que empezó como un lujo y sigue siéndolo. Pudo parecer razonable, mientras el lujo se extendía de una minoría ínfima (digamos, el 0.1% de la población adolescente) a una minoría diez veces mayor. Las dudas aparecieron cuando la educación superior se extendió a buena parte de la población. Y ya está claro que el modelo no es generalizable.
Los títulos universitarios dan ingresos privilegiados cuando permiten excluir. Pierden esa “ventaja competitiva” cuando se multiplican los graduados. Para mantenerla, hay la tendencia a no quedarse en la licenciatura: sacar una maestría; y no quedarse en la maestría: sacar un doctorado; y no quedarse en el doctorado: hacer estudios postdoctorales. La espiral sin fin se genera por una contradicción insuperable. No se puede privilegiar a todos sin hacer que el privilegio deje de ser un privilegio.
Si el 100% de la población tuviera un Bugatti, la “inversión” en diferenciarse sería absurda porque no habría diferencia. Además, no hay manera de aprovechar la “ventaja competitiva” cuando la prosperidad se vuelve embotellamiento: una mala pista para correr.
Si el 100% de la población tuviera educación superior, todos tendrían esa ventaja: nadie la tendría. Un taxista con doctorado puede ser más ameno, pero no avanza más aprisa, ni consigue empleo más fácilmente. Por el contrario, los estudios universitarios favorecen el desempleo, como está claro en muchas encuestas, y no solo en México. Por ejemplo, en el Reino Unido, según la Higher Education Statistics Agency (“Graduate unemployment higher than national rate”, The Guardian, 24 de agosto de 2005).
Cuando no se subsidia la educación superior, y el futuro graduado paga el costo de las colegiaturas endeudándose (como es común en los Estados Unidos), el mal negocio salta a la vista. Los graduados salen a buscar trabajo con aspiraciones difícilmente realizables y una carga financiera asfixiante. No lo encuentran, o no lo encuentran dentro de su especialidad, o no lo encuentran dentro de su nivel, o no ganan lo suficiente para pagar el lujo que se dieron.
La supuesta “inversión en capital humano” tiene rendimientos decrecientes. La escolaridad adicional aumenta el nivel de ingresos, pero menos que el costo de obtenerlos prolongando los años de escolaridad. En las estadísticas de muchos países puede verse que la educación básica es más rentable que la educación superior. Los años de escolaridad adicionales tienen rendimientos decrecientes para los estudiantes y para el país. Sin embargo, en México se gasta poco en la enseñanza de oficios y demasiado en educación superior.
La universidad conserva el lujo de su origen: el modelo inventado por los jóvenes de familias ricas que, en Bolonia, en el siglo XI, tuvieron la idea de asociarse y contratar maestros, bedeles y un local, en vez tomar clases particulares en casa de los maestros. Era un lujo ideal para la clase alta, poco generalizable para toda la población. El lujo se volvió más costoso y menos generalizable cuando (siglos después) los bedeles tomaron el poder y añadieron gastos desmesurados en administración, prestaciones sindicales, estadios, viajes y relaciones públicas. Como si fuera poco, inventaron el paquete vendible como una especie de canasta de Navidad. La canasta 23 incluye este conjunto de servicios educativos y requisitos curriculares que tienes que pagar si quieres el título 23. O la tomas o la dejas. Las posibilidades de pasar de una canasta a otra en distintas universidades, y aun dentro de la misma, son limitadas. Y si no compras la canasta completa, aunque te falte poco, no te damos el título.
Lo peor de esta mercadotecnia abusiva es el estigma que cae sobre los que no terminan, como si estudiar uno o dos años no tuviera valor por sí mismo. Entre los muchos “fracasados” que abandonaron la canasta a medias para hacer cosas de mayor interés, no faltan los que luego reciben doctorados honorarios (a veces de la misma universidad que abandonaron) como Octavio Paz, Woody Allen, Bill Gates y muchos otros que no necesitaron completar su licenciatura para llegar a donde llegaron. Hay listas en Google (The College Dropouts Hall of Fame) y en la Wikipedia (“List of college dropout billionaires”).
La rigidez de concentrar la venta del servicio en una canasta curricular obligatoria, en una ventanilla de entrega (el salón de clases) y en un horario, calendario y ciclo juvenil de cinco años (digamos) es una mala idea. A la cual se añadió otra: el profesorado de tiempo completo, que en algunas universidades hasta vive en el campus. Nunca faltaron médicos, abogados o ingenieros destacados que tenían el espíritu cívico de fortalecer su profesión dando clases. Esto conectaba la experiencia con la universidad, prestigiaba a los que daban clase y establecía contactos útiles para el reclutamiento y el empleo. El profesorado de tiempo completo desconectó la vida universitaria del mundo práctico, y la dejó en una isla.
En su mejor momento, la universidad como isla minoritaria y atractiva fue un paraíso artificial, lejos del mundo familiar y del mundo del trabajo. Se caminaba entre jardines, en un ambiente ideal para la vida intelectual, la amistad y los noviazgos en un largo viaje compartido, que luego se recordaría con nostalgia. Marcaba la vida personal y creaba lazos decisivos para la vida futura de una cofradía privilegiada. Lazos de especial importancia para aquellos que venían de otras tradiciones, de otras ciudades o de otros niveles de ingresos.
El paraíso aristocrático dejó de serlo cuando, ignorando su origen y naturaleza, se pretendió generalizarlo, aunque era un bien posicional, como los señalados por Fred Hirsch en Social Limits to Growth: si alguien descubre una aldea simpatiquísima con una playa maravillosa y sin turistas, el paraíso dura mientras no se sepa. Compartirlo con cien mil personas, cadenas hoteleras, líneas aéreas y urbanizadores lo destruye. No todo paraíso a escala uno sigue siéndolo a escala cien.
Para los que estudian, trabajan y pasan buena parte del día a las carreras de un lugar a otro, cuando no estacionados en un embotellamiento, la educación superior no es un paraíso: es un sacrificio aceptado con la esperanza de que se justifique. Pero, ¿se justifica?
El modelo original era práctico. Reducía el costo de la atención personal del maestro dividiéndola entre varios alumnos que escuchaban simultáneamente su lección: la lectura de un texto. En el siglo XI no existía la imprenta, que bajó extraordinariamente el costo de la reproducción oral y manuscrita de las lecciones; ni las grabadoras, ni las fotocopiadoras, ni la internet. Tampoco las ciudades congestionadas de automóviles. Ni las burocracias universitarias que cabildean presupuestos multimillonarios y negocian contratos colectivos.
Para recuperar el sentido práctico, hay que darle prioridad al apetito de saber y reducir radicalmente los costos, aprovechando los recursos modernos:
1. Eliminar la asistencia física a clases. Esto ya se hace en muchos países, incluso en México (Universidad Abierta de la Unam, Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey, Educación Superior Abierta y a Distancia de la Secretaría de Educación Pública, Universidad Virtual Liverpool de las tiendas El Puerto de Liverpool). La educación a distancia empezó, al parecer, en el siglo XVIII (un siglo de notables iniciativas editoriales) con cursos por correspondencia para taquígrafos. Los cursos se extendieron de los oficios a la educación superior y se fueron modernizando con otros medios: discos y cintas de audio, cederrones y devedés enviados por correo.
Ahora se aprovecha la internet, tanto de texto, como de audio, como de video, con “asistencia” simultánea o diferida (archivos descargables). Los cursos pueden permitir preguntas en el acto y en presencia de todos en una videoconferencia, como en un salón de clases. Pueden ser interactivos de otras maneras, trabajando a solas. También pueden permitir consultas telefónicas o por correo electrónico. Y pueden completarse con reuniones personales.
Eliminar la asistencia física permite extender a bajo costo la educación superior y crea oportunidades de estudio para las personas que tienen problemas de horario, que viven lejos (incluso en aldeas remotas o en otros países), que no pueden salir de su casa por atender a niños o enfermos, o porque están inválidas o en prisión. Con grandes ahorros para los alumnos y la universidad. La Open University del Reino Unido, por ejemplo, atiende a unos 180.000 alumnos con una planta total (académica y administrativa) de unas 5.000 personas (www.open.ac.uk y Wikipedia).
2. Eliminar la concentración de la enseñanza en el tiempo. La coincidencia en horarios y calendarios (exigida por la coincidencia física) produce congestionamientos (horas pico, temporadas pico) y poco uso de las instalaciones escolares fuera de esos momentos. Concentrar la educación en un bloque de cinco años consecutivos también genera costos innecesarios.
Desde un punto de vista puramente financiero, es mejor diferir parte de la inversión (los últimos tres años, digamos) para aprovechar pronto los rendimientos de la parte inicial. Un ciclo acreditable de los dos primeros años que, al terminar, permita empezar a trabajar reduce la inversión y acelera la recuperación.
Desde un punto de vista experimental, también es preferible dividir la inversión en dos o más tramos para reducir el costo de equivocarse, y para tener la oportunidad de cambiar de rumbo sin desperdiciar demasiado.
Desde el punto de vista de los conocimientos, la acumulación en un solo bloque los vuelve menos frescos, tanto para el estudiante que los olvida como para aquellos conocimientos que se vuelven obsoletos. Cuando los satélites eran cosa de ciencia ficción, un profesor de ingeniería demostró en el pizarrón por qué era imposible lanzarlos: acelerar lo suficiente para vencer la gravitación con una carga vehicular, además de la carga del combustible necesario. Y tenía razón, con los combustibles entonces conocidos.
El apetito de saber requiere cerebro y nada más para muchos problemas. Para otros, hace falta experiencia. Muchos conocimientos que parecen remotos cuando no se tiene experiencia se vuelven interesantísimos cuando en la práctica se ha vivido el problema.
El apetito de saber dura toda la vida. Estudiar cinco años antes de trabajar treinta no es mejor que estudiar dos, por lo pronto, y medio día por semana el resto de la vida.
 3. Eliminar la canasta obligatoria. Los paquetes en oferta de las tiendas no son abusivos si los productos incluidos también se venden separadamente. Lo son cuando el producto gancho (el que más demanda tiene) no se vende suelto, obligando al cliente a comprar cosas que no le interesan.
El producto gancho de la educación superior es el título universitario. Todos los abusos (incluso algunos muy descarados: trámites finales que se inventan para cobrar más antes de soltar el título) surgen de la claridad comercial sobre qué prefiere el mercado: las credenciales de saber, más que el saber.
El extremo opuesto está en las bibliotecas públicas y librerías. El lector busca lo que le interesa sin esperar diplomas por los libros que leyó. Muchas bibliotecas mejoran su oferta compilando listas recomendables sobre los temas de interés para el lector. En la oferta de cursos universitarios se puede hacer lo mismo: ofrecerlos separadamente y sugerir series recomendables, pero no obligatorias.
Celebrando la imprenta, Thomas Carlyle escribió en Los héroes, V: “La verdadera universidad hoy es una colección de libros”. Después de la imprenta, ¿se justifica todavía la universidad? Lo más que puede hacer un maestro universitario por nosotros es lo mismo que un maestro de primaria: enseñarnos a leer. Pero hoy los universitarios no leen. Las universidades tienen otra orientación. Son ante todo vías trepadoras que venden credenciales de saber para subir, acompañadas (como todo producto gancho) de una oferta curricular que redondee el paquete y parezca justificar la credencial. Si se limitaran a vender los mismos cursos sueltos, se les caería el negocio.
Ivan Illich en La sociedad desescolarizada propuso prohibir que los solicitantes de empleo fueran discriminados por no tener credenciales. Sería justo, y devaluaría las credenciales a favor de la capacidad real y demostrable. Pero no parece fácil legislarlo frente a los cabildeos de instituciones y sindicatos que defenderían ferozmente el negocio.
No se puede ignorar que la demanda de credenciales deriva de una confusión entre el apetito de saber y el deseo de progreso. El título y el automóvil son símbolos poderosos, casi religiosos, de la cultura del progreso. Por eso, las universidades y el tráfico seguirán empeorando y costando cada vez más. Los lujos masificados resultan más costosos que lujosos.
Por eso hay que resignarse, por ahora, al negocio de los títulos universitarios. Pero no a que el negocio arruine lo principal: el apetito de saber. Hay opciones para evitarlo: flexibilizar el menú de las canastas. Quitarle presupuesto al campus en favor de la universidad virtual. Favorecer la educación a tiempo parcial durante muchos años, con títulos parciales sobre la marcha. Introducir el aprendizaje serio de un oficio durante la preparatoria y no permitir el ingreso a la educación superior a quien no demuestre su capacidad como carpintero, herrero, electricista, plomero.
Si todos los universitarios fueran capaces de practicar un oficio, su desarrollo intelectual sería mejor. La inteligencia es corporal. La conexión entre la mano y el cerebro fue decisiva para la evolución de la especie. Además, prestigiar los oficios como hobbies que demuestran pericia y perfección, que son muy apreciados y hasta se prestan a concursos tendría consecuencias sociales deseables. Por lo pronto, igualitarias. La habilidad manual, como la práctica de los deportes, no hace distingos sociales. Una persona socialmente importante puede resultar muy poca cosa en el ejercicio corporal.
Otra consecuencia deseable estaría en los costos y el empleo. En los oficios hay más oportunidades de empleo inmediato, incluso por cuenta propia, combinables con las oportunidades de educación superior en universidades virtuales. Estas combinaciones sí son generalizables para toda la población sin costos asfixiantes.

lunes, 10 de enero de 2011

CAPITULO IV. LA NIÑA MANUELA

–Pasó hace unos años, cumplí 15. Mi papá murió ese año y mamá se fue a vivir a Leticia con su hermana, según ella no soportaba el “dolor”. Dejó a mi hermano a cargo de todo. Vivíamos en una casa enorme, papá nunca estaba en ella ya que andaba en búsqueda de la felicidad efímera que le daban esas tantas mujeres que conoció y lo dejaron en la ruina. Por eso se suicido él muy cobarde. De la época que viví con él solo recuerdo los lujos y a mamá llorando en el baño después de que él salía de la casa. Ella tenía la idea tonta de creer que dejándolo “tranquilo” conseguiría tenerlo a su lado, sin importar las humillaciones a las que se veía sometida. Pensó que con el tiempo las cosas cambiarían. Nunca notó que papá hacía mucho tiempo atrás dejó de estar a su lado. Yo la culpaba de todo, si hubiera actuado en el momento que empezaron los engaños, él aún estaría vivo. Ella terminó creando una “cueva” en la que vivió mucho tiempo y de la que tuvo que salir dolorosamente con esa muerte. Yo perdí totalmente el rumbo de mi vida con la partida de ella. La odiaba y odiaba todo a mí alrededor, así que fue fácil dar con gente que encontrara ese estado atractivo.

Lo llamaban Eddie, se acercó una de esas tantas noches que pasé fuera de casa. Recuerdo que el ruido era insoportable, la gente entraba y salía del lugar. Me gustó la forma en que se acercó, así que le dí mi nombre y en menos de un par de horas ya tenía mi lengua en su boca. Empecé a salir con el día y noche hasta asumir su ritmo de vida. Conocí de cerca todo tipo de toxicas locuras en su máxima y más dañina expresión. El, las escapadas de la realidad y ese mundo de aparente libertad fueron consumiendo mi vida. Mi hermano vio como me iba a pique y quiso intervenir obligándome a entrar en una clínica para adictos, así que para safarme arme vida con Ed. Mi hermano cortó mi fuente de ingresos y ya sin dinero “el personaje aquel” no dudo en dejarme. No tenía a donde ir así que tuve que entrar a la entretenida clínica de “gente con problemas”. Al poco tiempo Ed fue a buscarme y escapé. Saqué las cosas de valor que poseía en casa, desocupé las cuentas que tenía a mi nombre y se lo entregué todo a mi alucinante raptor. El era mi día y noche, soportaba todo tipo de insultos por estar a su lado. Creía en todo lo que decía y me aterraba la idea que me dejara. Era una autoflagelación vivir así; atorarme con pepas era lo único que suavizaba la vida que llevaba.

Muchas veces creí que mi vida era el producto de una gran equivocación del destino. Era como si todas las fuerzas invisibles se hubieran confabulado contra mí. Me hallé envuelta en ese laberinto cruel de nuestra vida diaria. Confundida la mayoría de las veces, atormentada el resto, traté en vano de encontrar un espacio entre los otros seres humanos que respiraban y se movían a mí alrededor y así perdí lo poco que tenia de vida, perdí todo. Mi hermano llegó a la “lujosa suite” donde vivía, alguien lo llevó al desagradable lugar para que me sacara de allí. Casi mata al falso héroe de mi historia y yo… terminé internada de nuevo.  Consiguió una orden para que no se volviera acercar, yo estaba convencida que me “adoraba” y encontraría la forma de sacarme. Mi hermano lo apartó definitivamente con unos tantos pesos. Ahí se derrumbó mi mundo otra vez.

Cuando terminó el tratamiento clínico al que me ví sometida durante meses y meses, decidí buscar mi vida debajo de tanto escombro. Me costó tres años salir de esa cueva oscura y sucia en la que entre guiada por mi necesidad de afecto y protección –. Respiré profundo y terminé el relato. Lucia agregó, –gracias por confiar en mi Manuela –. Le pregunté como supo mi nombre pues no me había dado chance de decírselo. Rió y dijo, –la primera vez que fui a buscarte, el celoso dijo: “¿busca a la niña Manuela?”, y como no sabía tu nombre, supuse que él sí, pues nos vio juntas la noche anterior y al rato bajaste –. Hubiera preferido que me preguntara. Antes de irme la invite a dormir al apartamento la siguiente noche a lo que ella aceptó sin pensarlo mucho.

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